Observatorio de desconciertos

No quisiera parecer alarmista, que además no es mi forma de ser, que yo soy de natural más bien tranquilo, pero no resulta posible dejar de señalar ciertos aspectos de lo que tenemos alrededor con los que, decididamente, somos demasiado confiados. Porque, francamente, es increíble la temeraria tranquilidad con la que nos tratamos día a día, en cualquier día normal, con eso que llamamos cosas y objetos, hechos y acontecimientos.

Supongo que será por la inercia de la costumbre y porque, aparentemente, nunca pasa nada. Pero claro que pasa, por mucho que no lo veamos. O no sepamos verlo. O hagamos por no verlo.

Bien, cierto es que atribuirles malicia a los objetos, o intencionalidades ocultas a los hechos, puede tener algo de riesgo. En concreto, el riesgo de ser diagnosticado como paranoico, pero hay cosas peores.

Por otra parte, tampoco hay que precipitarse. Mejor moverse con prudencia. No se trata de inducir al pánico, especialmente, el propio. Así que quizás pueda bastar con ser capaz de observar los desconciertos que deberían provocar esas cosas que nunca pasan.

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